En La Makha, la experiencia gastronómica trasciende el paladar para convertirse en un viaje sensorial integral. El restaurante no es solo un lugar donde se sirve comida excepcional; es un santuario arquitectónico donde el diseño, la luz y los materiales se alían para crear una atmósfera que transporta inmediatamente al comensal a la calma elegante del Mediterráneo, sin perder de vista la esencia colombiana. Aquí, cada detalle—desde la orientación del edificio hasta la textura de los manteles—está meticulosamente curado para evocar serenidad, belleza y una conexión profunda con el entorno.
1. Filosofía de diseño: donde el Mediterráneo encuentra el Trópico
La Makha nace de una idea audaz: fusionar la estética relajada y sofisticada de las villas mediterráneas con la exuberancia y el color del paisaje colombiano. El arquitecto a cargo del proyecto se inspiró en conceptos de diseño bioclimático y la arquitectura tradicional de regiones como Andalucía, Grecia y el sur de Italia, adaptándolos inteligentemente al clima y la cultura local.
Integración con el paisaje: El restaurante parece emerger suavemente del terreno. Se evitó al máximo alterar la topografía natural, y la vegetación nativa fue incorporada como parte esencial del diseño. Palmeras, olivos y buganvillas se entrelazan con estructuras de piedra y madera, creando un diálogo constante entre lo construido y lo natural.
Espacios fluidos y límites difusos: La distinción entre interior y exterior es deliberadamente tenue. Grandes porterías corredizas de madera permiten abrir por completo las fachadas, transformando el salón principal en una terraza cubierta que aprovecha las brisas frescas de la región. Este diseño no solo optimiza la ventilación natural, sino que invita a los comensales a sentirse inmersos en el jardín mientras degustan su comida.
2. Arquitectura bioclimática: sostenibilidad y confort
El diseño de La Makha es un ejemplo magistral de cómo la arquitectura puede ser sostenible y lujosa al mismo tiempo. Se emplearon estrategias pasivas para reducir el consumo energético y maximizar el confort térmico.
Muros de piedra natural: Además de su valor estético, estos muros actúan como masa térmica, absorbiendo el calor durante el día y liberándolo gradualmente por la noche, manteniendo una temperatura estable y agradable en el interior.
Techos altos con vigas de madera expuestas: Esta solución no solo aporta grandeza y calidez visual, sino que permite la acumulación de aire caliente en la parte superior, mejorando la circulación del aire fresco a nivel del suelo. El diseño de las celosías en los aleros protege del sol intenso mientras permite el paso de la luz filtrada.
Patios interiores y fuentes de agua: Inspirados en los patios andaluces, estos espacios incorporan vegetación y agua en movimiento, que contribuye a humidificar y enfriar el ambiente de forma natural. El sonido relajante del agua crea además una capa acústica que amortigua los ruidos, favoreciendo la intimidad de las conversaciones.

3. Materiales nobles: la textura de la autenticidad
La selección de materiales fue crucial para transmitir la esencia del concepto. Se privilegiaron materiales naturales, locales y artesanales, que envejecen con gracia y cuentan una historia.
Piedra coralina: Extraída de canteras regionales, esta piedra porosa y de tonos cálidos recubre suelos y muros, evocando las construcciones costeras del Mediterráneo.
Madera de guadua y caoba: Maderas colombianas de rápido crecimiento y alta resistencia fueron utilizadas en cielos rasos, mobiliario y elementos decorativos. Su vetado único y tonalidades profundas aportan organicidad y calidez.
Cerámica artesanal: Se encargaron piezas exclusivas a alfareros de Ráquira y Carmen de Viboral, con patrones geométricos que recuerdan los azulejos portugueses y españoles, pero reinterpretados con motivos precolombinos.
Textiles de lino y algodón: Los manteles, cortinas y cojines están confeccionados en telas naturales de tejido abierto, que permiten la circulación del aire y aportan una sensación de frescura y ligereza.
4. La magia de la luz: escenografía natural y artificial
La iluminación es uno de los elementos más cuidados en La Makha. El objetivo era recrear la luz dorada del atardecer mediterráneo, famosa por su calidez y capacidad para crear ambientes íntimos.
Luz natural dinámica: La orientación del edificio fue calculada para aprovechar la trayectoria del sol. Por la mañana, la luz entra suave y lateralmente, iluminando sin deslumbrar. Al atardecer, los rayos rasantes crean juegos de sombras dramáticos y acogedores.
Estrategias de iluminación artificial:
Capas de luz: Se combinaron cuatro capas de iluminación:
Iluminación general: Provista por lámparas empotradas en el cielo raso con regulación de intensidad.
Iluminación acentual: Focus lights que destacan elementos artísticos o arquitectónicos.
Iluminación de 任务 (tarea): Lámparas colgantes bajas sobre cada mesa, con bombillas de filamento visible que emiten una luz ámbar muy cálida, favoreciendo la apariencia de los alimentos y los rostros.
Iluminación ambiental: Velas de cera de abejas en cada mesa y en nichos estratégicos, cuya llama parpadeante aporta calidez y dinamismo.
Temperatura de color: Se eligieron luces con una temperatura de color de 2200K-2700K (ámbar muy cálido) en todas las áreas, evitando por completo los tonos fríos o azulados que resultan artificiales y antiestéticos.
5. Ambientación sonora y olfativa: la música invisible
La experiencia sensorial en La Makha se completa con capas de estímulos auditivos y olfativos diseñados para relajar y transportar.
Banda sonora cuidadosamente curada: La música es un elemento sutil pero fundamental. Un sistema de sonido de alta fidelidad reproduce playlists que mezclan:
Jazz acústico y bossa nova en horas de la tarde.
Música electrónica orgánica ( artists like Bonobo, Tycho) en la noche, con beats suaves que no interfieren con la conversación.
Sonidos de la naturaleza: Grabaciones ambientales de olas, bosques y lluvia ligera se mezclan a muy bajo volumen en los baños y pasillos, creando una sensación de conexión con el entorno.
Aromas que narran una historia: El olfato es perhaps el sentido más evocador. La Makha trabaja con una aromaterapia ambiental sutil:
En el recibidor, difusores emanan una blend de limón, albahaca y romero fresco.
En las áreas del comedor, el aroma proviene de las velas de mesa, con notas de sándalo y bergamota.
El aroma más importante, por supuesto, es el que emana de la cocina: el humo de la leña, las hierbas frescas y los cítricos que llegan directamente a la mesa.
6. Experiencia del comensal: un viaje a través del espacio
Recorrer La Makha es una experiencia en sí misma. El flujo del espacio guía al comensal a través de diferentes ambientes, cada uno con su propia personalidad.
La llegada: El acceso es through un jardín de hierbas aromáticas iluminado con faroles bajos. El sonido de una fuente de agua y el aroma a tierra mojada y menta preparan para la transición desde el mundo exterior.
El salón principal: Un espacio amplio pero íntimo, donde el ruido de fondo se mantiene en un nivel bajo gracias a los materiales absorbentes (alfombras de yute, cortías de lino) y la altura del techo. Las mesas están dispuestas para garantizar privacidad, separadas por macetas altas con vegetación.
La terraza: El espacio más codiciado. Mobiliario de ratán con cojines en tonos crudo y azul cobalto, sombrillas de lona y calefactores siluetas para las noches más frescas. Desde aquí, la vista al atardecer es espectacular.
La barra: Un punto focal social, revestida en mármol travertino e iluminada con lucecitas empotradas que hacen brillar las botellas. Es el lugar perfecto para disfrutar de un cóctel botánico antes de la cena.

El diseño como extensión de la filosofía culinaria
El diseño de La Makha no es un marco decorativo; es la materialización de la misma filosofía que guía su cocina: autenticidad, respeto por el origen y búsqueda de la belleza en lo natural. Cada decision de diseño—desde la piedra sin pulir hasta la luz de las velas—está al servicio de crear una experiencia emocional coherente y memorable. Es un lugar donde el tiempo parece transcurrir más lento, donde los sentidos se despiertan y donde la elegancia se define por la simplicidad y la conexión con lo esencial.
¿Listo para sumergirte en esta atmósfera única?
La experiencia completa de La Makha—gastronomía, maridaje, diseño y ambiente—te espera para transportarte a un refugio mediterráneo en el corazón de Colombia.
Reserva tu mesa en La Makha y vive una noche donde cada detalle cuenta una historia.
